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sábado, 17 de marzo de 2012

Trabajo para la rehabilitación - 50 mujeres privadas de libertad trabajarán en industria pesquera

El ministro del Interior, Eduardo Bonomi, informó que 50 mujeres privadas de libertad, provenientes del Centro Nacional de Rehabilitación, trabajarán en una industria pesquera como parte de su proceso de recuperación social. La empresa incorporará cinco privadas de libertad por semana y la empresa garantizará el traslado, según informó.


“Esta es la única forma real de rehabilitación”, valoró el ministro, al tiempo que señaló que de esta manera los reclusos salen con trabajo, un requisito muy importante para la reinserción del privado de libertad a la sociedad. La empresa ofreció las 50 plazas laborales al Ministerio del Interior, que está ajustando los términos del convenio.

Actualmente trabajan fuera del recinto carcelario unas 80 mujeres. En 2011 unos 300 presos trabajaron fuera de las cárceles, en una experiencia calificada como “muy buena”.



Fuente: Presidencia de la República

viernes, 24 de febrero de 2012

La Cárcel de Lujo

Como circuló por mucho tiempo en tantos portales, y hasta por mail trascendió la noticia, en Austria existe una prisión a la que todo prisionero desearía ir. El edificio cuya aparencia es similar a la de un complejo de viviendas para solteros de alta sociedad (según publicó la revista peruana Etiqueta Negra), tiene un moderno diseño arquitectónico y cuenta con gimnasio, capilla, canchas de basketball e incluso una habitación privada para visitas conyugales. Las habitaciones tienen ventanas muy grandes y baños privados. Casa unidad también cuenta con una cocina en donde los internos tienen la libertad de cocinarse y comer a su antojo.
En cuanto a instalaciones es totalmente completísima. Todos sus presos disponen de un gimnasio completo, una cancha de baloncesto, además de multitud de juegos con el ping-pong. Y por si esto fuera poco solo tendrían que ver las celdas que más bien parecen habitaciones de un hotel. Cada habitación dispone de televisión, mobiliario como estanterías, dos escritorios, sillas, etc., y para rematar una increíble iluminación que llega a través de una gran ventana. La cárcel además dispone de instalaciones como salas conyugales de lo más cuidadas y lujosas; y siempre con una gran iluminación natural que entra a través de grandes ventanales. Sin duda un lugar donde vivir en perfectas condiciones.
Pues bien, resulta que en Suiza no se cometen tantos delitos como en los Estados Unidos, por ejemplo, pero en cambio de los pocos delitos que se cometen, los robos predominan, cometiéndose un 40% más de los mismos en Austria que en los Estados Unidos. Un dato importante si tenemos en cuenta la existencia de esta prisión en el país. Es de los más probable que la mayoría de estos delitos por robos sean con un único fin: vivir tranquilo y en buenas condiciones durante un periodo de tiempo. Sin duda esto puede convertirse en un estilo de vida un tanto particular.
El arquitecto Josef Hohensinn, quien fue contratado para construir este edificio, señala que este puede servir como método de rehabilitación para los prisioneros. Según algunos que están a favor de este cambio, al crear un ambiente más libre, limpio y arquitectónicamente armónico, las prisiones se vuelven más seguras y habitables.









Del hacinamiento al excedente de plazas...

Las autoridades del Ministerio del Interior anunciaron este 22 de Febrero el cierre de la cárcel de Las Rosas, en Maldonado, y la apertura de un nuevo centro penitenciario a su lado. Consultada Gabriela Fulco (perita psicóloga en Criminología), asesora de asuntos penitenciarios del ministro Eduardo Bonomi, señaló que Las Rosas “era una de las cárceles que en el pasado se destacaron por los mayores niveles de conflictividad, motines, hacinamiento y una situación indigna respecto de las personas privadas de libertad”. Según señaló, en este momento el flamante establecimiento tiene capacidad para 544 plazas. Como en este momento hay 507 reclusos, eso “nos permite tener un excedente”, agregó. Asimismo, explicó que se está “avanzando en el plan inicial para después progresar en otros dos pasos fundamentales”: la clasificación de los internos –entre procesados, penados, primarios y reincidentes, así como de acuerdo a los delitos cometidos– y la “instalación de programas de tratamiento para atender esa privación de libertad”. Con respecto al viejo edificio, manifestó que “la idea es aprovechar esa estructura para ampliar las posibilidades de instalación de programas educativos y laborales”. En cuanto a la situación carcelaria a nivel nacional, dijo que la administración actual ha tenido “un ritmo permanente de relocalización y descongestionamiento en el sistema penitenciario”, aunque reconoció que todavía “nos quedan como desafíos la cárcel de Comcar y la de Canelones”.

domingo, 16 de octubre de 2011

La Frase del día....

Ojeando algunos apuntes encontré esta referencia del escritor Fiódor Dostoievski: “El grado de civilización de una sociedad se mide por el trato que expensa a sus presos”.
Oviamente que estas "simples" palabras desatan una variedad de disconformidades y descontentos, pero antes enarbolarse en nombre de las buenas costumbres y tradiciones, sacando a relucir todas las teorías que versan sobre la psiquis del delincuente, las campañas por la baja de edad de imputabilidad, empecemos a tratar de entender que tantos "saios" no pueden estar equivocados..... Es decir, por qué empecinarnos en no reconocer que somos nosotros mismos - la sociedad - los que debemos involucrarnos seriamente y exigir a nuestros legisladores ya todos aquellos que tienen algún grado de portagonismo en la actividad política de nuestro país, que agoten esfuerzos, voluntades y todo lo que sea necesario para CAMBIAR las cosas que tienen que cambiar en materia de seguridad pública y social, así como en lo jurídico-legal. Tenemos el deber de EXIGIR tanto como de CRITICAR, porque algunos elementos ya los tenemos como para PEDIR que se cumplan los planes de acción, tanto para ofrecer seguridad, como para mejorar el sistema penitenciario y judicial.
En otras palabras, todos decimos que "no damos más", que "hasta cuándo?", que "cuánto se gasta en tener los delincuentes presos", que "está mejor para ser chorro que ciudadano decente, porque en la cárcel tienen todo gratis".....pero, claramente hablan desde el desconocimiento de lo que es convivir en este "contexto crítico" (utilizando un término muy en boga en el sector docente).
Cómo pretender rehabilitar socialmente a alguien - independientemente de la causa de encarcelamiento -, si los depositamos en lugares cuyas características edilicias y funcionales no ofrecen otra cosa que no sea la profesionalización del delito o aumentar el resentimiento social que seguramente tiene.
Es más, figúrese - usted lector - que una persona que usted sabe que estuvo presa y necesita de su ayuda (ya sea trabajo, o cualquier cosa en la usted le pueda ser útil), golpea a su puerta - metafóricamente hablando -, se la habriría?...emplearía a un ex recluso?...Bueno.... le cuento, la mayoría tiuende a decir que depende del por qué haya estado preso. Y....puede ser una alternativa.... Pero la cuestión en sí, es reconocer somos un poco hipócritas. No obstante, tampoco hay que sentirse "tan mal" ni "tan malo", porque en definitiva de eso se trata el ser humano, de sentir, de involucrarse con sentimientos encontrados, de admitir, de cuestionarnos y resolver....Al fin y al cabo, más vale empezar por algo - al menos intentar ponernos en esa situación -. que "NO HACER NADA".
En otro ámbito, tampoco debemos olvidar que hoy por hoy, las circunstancias se nos presentan de tal manera que "cualquiera" de nosotros puede ir preso....o no?...Hoy en día los prisioneros no son los de antes - como reza algún verso tanguero hablando de otras yerbas -; se va a la cárcel por un accidente de tránsito de repente.
¿Cómo privar de la libertad para enseñar a vivir en ella? ¿Cómo se puede aprender a vivir en libertad donde no hay libertad? Al fin y al cabo, educar para la libertad en situación de no-libertad no sólo es difícil, sino que bien constituye una utopía irrealizable (Extracto adaptado de: SOUZA QUEIROZ, Paulo de, Funções do Direito Penal. Legitimação versus Deslegitimação do Sistema Penal, Editorial Del Rey, Belo Horizonte, 2001, p. 63).
El jurista Teodolindo Castiglione, al hacer una síntesis tan precisa de los desvalores de la cárcel dijo: “Imaginad una grande prisión, en que jóvenes y viejos vivan en promiscuidad: criminales primarios y reincidentes; trabajadores honestos segregados de la convivencia social en virtud de la irreflexión o debilidad de un momento, y vagabundos estériles curtidos en la senda del crimen: hombres que miden la extensión de su desgracia al lado de otros, de una inconsciencia pasmosa; individuos sensibles que mataron, en una pasajera explosión emocional, seres que amaban, y que se consumían castigados por el remordimiento, y oran en las ocasiones de recogimiento espiritual, o intentan suicidarse en momentos de angustia, conviviendo con facinerosos execrables, quienes fueron a dormir tranquilos luego de haber matado a sus víctimas; personas fácilmente sugestionables que, en vez de una educación apropiada que les podría otorgar beneficios, reciben el influjo pernicioso de delincuentes decididos a prolongar su conducta nociva: asesinos, ladrones, estafadores, falsarios, incendiarios, violadores, criminales de todos los tipos, vencidos por la prepotencia del impulso sexual, entregados a la perpetración de actos envilecedores, o subyugados por el asalto feroz de los más fuertes y atrevidos; todos viviendo en el mismo ambiente, en la misma estufa, en la que el microbio del mal se desarrolla, se multiplica y se rebaja... Una casa así no puede ser la escuela que educa, la pedagogía que enmienda, el establecimiento que rehabilita, la institución que redime, socorre o purifica las conciencias descarriadas. En ese vivero de gérmenes malignos, ningún enfermo se cura o ve atenuada su dolencia. En ese retiro, el alma no se reanima, el hombre no se rehace...” (Extraído de: CASTIGLIONE, Teodolindo, Estabelecimentos Penais Abertos e Outros Trabalhos, Editorial Saraiva, São Paulo, 1959, p.12-13).
Entonces, si por algún momento nos visualizamos en el lugar de esas personas privadas de libertad...¿cómo nos gustaría que nos trataran? ¿Realmente estaríamos conformes con la sociedad si nos discrimina una vez fuera de la cárcel? ¿Alguien podría juzgarnos o criticarnos si nos volvemos resentidos por las condiciones de reclusión que nos ofrecieron, aún teniendo en cuenta el sostén familiar que hayamos tenido?
Entonces sí...... las cárceles son un claro reflejo de la sociedad que las contiene.....


martes, 17 de mayo de 2011

"La Salud tras las Rejas..."

Las cárceles suelen ser verdaderos depósitos de enfermos abandonados, puesto que el estado de salud de la población encarcelada registra índices de prevalencia de enfermedades físicas y mentales infinitamente superiores a la media social, muchas veces invisibilizadas por la inexistencia de registros epidemiológicos en las cárceles.
Este es un extracto del Estudio llevado a cabo en la ex Cárcel Departamental de Salto (Uruguay), hoy denominada "Centro de Rehabilitación", por los Licenciados Ma. Catalina Samit y Roberto Azambuja,con la colaboración del Aux. de Enfermería Wilson Guerrero
La población penitenciaria salteña está compuesta principalmente por varones (148 al 30/06/2009, lo que significa el 96,7% de la población total), consumidores de sustancias psicoactivas, cuyos delitos en su mayoría son contra la persona (54,9%), con un incremento en los delitos de índole sexual (7,84%).
La mayoría de los recluidos son reincidentes en la comisión de delitos. Se les suma el alto porcentaje encontrado de solteros, así como muchos que tienen hijos a cargo, propios y no propios, que dependen económicamente de ellos.  

Resultados: El tamaño de la muestra fue de 86 internos consultantes, de los cuales el 95,35 % eran hombres y el 4,65 % mujeres; y 155 registros de consultas médicas realizadas en el Hospital Regional Salto, de las que se destacan como motivo de consulta el constatar lesiones en un 16,12% y el 20% que no registran los motivos. El 38,37% de los participantes declaran padecer enfermedades en tratamiento, principalmente las de índole psiquiátricas (18,60%); Gastritis (5,82%) y VIH (4,65%). 
La investigación se llevó a cabo durante el año 2009 en la Cárcel Departamental de Salto. La muestra se compone de 86 participantes, lo que conforma un 56,2% de la población penitenciaria de la cárcel en el momento del estudio (153 internos al 30/06/2009). Los participantes fueron en su mayoría hombres (95,35%) con una edad media de 31,52 años.
Fueron seleccionados a partir de una base de datos de registro de todas las consultas médicas realizadas en el período comprendido entre Enero y Junio de 2009 (un total de 155 consultas). Las entrevistas se llevaron a cabo durante dos meses. Fueron realizadas en forma directa por el personal del Departamento de Enfermería de la Cárcel. La participación en el estudio era voluntaria y confidencial, no registrándose nombre u otro código que permitiese a posteriori identificar al entrevistado. Todos los entrevistados seleccionados accedieron a participar en el estudio.


 Discusión:

En la Cárcel Departamental, aún con el déficit de recursos existentes, pero con el apoyo mancomunado, tanto de instituciones y grupos de trabajo de la comunidad, se han logrado trazar líneas de estrategias, con claros planes de acción que apuntan al desarrollo social y personal del recluso, que sean capaces de prepararlo medianamente para su vida post carcelaria.

Si bien la mayoría tiene pareja, lo que supone un gran soporte emocional para el afrontamiento eficaz de la situación, existe un sector de esta población que padece una de las consecuencias del encarcelamiento, que es la pérdida de la pareja luego y durante la estadía en prisión, lo cual favorece la segregación familiar.



Asimismo, esta situación podría acentuarse si se tiene en cuenta que entre quienes tienen hijos a cargo que dependen de ellos económicamente (el 36,04 %), y los que tienen menores a cargo que no son hijos propios, pero mantienen dependencia económica (18,60 %), suman un 54,64 % del total de la población muestra.

El 70,93 % de los internos se encontraban en situación de proceso. Es decir, transcurriendo la instancia procesal penal propiamente dicha, en espera de una condena definitiva al delito cometido.

No obstante, el 29,06 % se encontraba con condena dictada. 
En cuanto a los datos asociados con la situación de salud, el 77,90% consume dos comidas diarias únicamente, la cual se basa en su mayoría en alimentos o víveres (59,30%) que les proporciona su familia o su pareja (56,97%).
Aquellos que solamente se alimentan de la comida de la cárcel (13,95%), un 34,28% refiere que es “incomible”, contraponiéndose a un 31,42% que alega que es de aceptable sabor; pero la gran mayoría (94,28%) comparte la opinión de que el menú no varía, que es siempre lo mismo.
En tanto que para realizarse la higiene personal, el 59,30% de los reclusos manifestó que poseen todos los productos necesarios, siendo su familia y pareja (67,44%) sus mayores proveedores.

Como antecedentes patológicos familiares, la población muestra, se comporta casi de igual manera que los indicadores nacionales, en donde el porcentaje de adultos con presión arterial elevada o en tratamiento por HTA en nuestro país, es de 58,10%, y en nuestro estudio la mayor parte (23,25%) relata que al menos un familiar directo sufría de Hipertensión Arterial.



Por otro lado, el antecedente familiar de casos de autoeliminación no es un dato menor, si consideramos que una buena parte de los consultados confirmó haber intentado autoeliminarse también alguna vez, ya sea antes o después de la reclusión, y otra confesó haber tenido pensamientos suicidas, de los cuales, el 28,57% fueron después de estar recluido.
Entre los internos que declararon padecer algún tipo de enfermedad, el 38,37% se encuentra en tratamiento, siendo las alteraciones más frecuentes las de índole psiquiátrica, seguidas por la Gastritis y la infección con VIH positivo. 
El efecto psicológico está presente en todas los recintos de reclusión, que no siempre responde a patologías crónicas ni graves, sino que más bien se trata de conductas conflictivas tanto para consigo mismo, como para con los demás, que necesitan ser controladas de alguna manera. Por lo tanto el apoyo que les significa poder acceder libremente al consumo de psicofármacos parecería ser la mejor y más rápida solución momentánea. 
Tal vez una de las primeras demandas de los ingresos, es la solicitud de proporción de estos medicamentos o en su defecto, la consulta con el psiquiatra. 



Pudo verse que si bien casi todos (el 82,56%), declaró consumir alcohol o haberlo hecho antes, la mayor parte (71,83%) lo hacía sólo antes de ingresar a la cárcel.  
Está claro que la privación de la libertad, afecta el uso y/o abuso de ciertas sustancias en diferentes medidas. El hábito de fumar se exacerba en situación de ansiedad que provoca el encierro; pero el consumo de alcohol, disminuyó luego de la reclusión.
La explicación radica en gran parte a los controles implementados para evitar justamente ese uso y/o abuso de sustancias psicoactivas que puedan generan alteraciones del orden interno de la Cárcel.

Otros datos revelaron que más del tercio de los que se reconocieron consumidores de drogas ilegales, lo hacen desde antes de estar “preso”. Y que además, la cuarta parte de los consumidores confesos (total: 64), lo hace a partir de que ingresaron a la penitenciaría.

La sustancia “preferida” resultó ser la marihuana (7,80%), seguida de “pasta base” (3,12%) y cocaína (1,56%). 
Esta realidad se debe al bajo costo de la marihuana, comparada con el resto; y en el pensamiento generalizado de los internos, “es la que menos daño hace”, actuando como un mecanismo de defensa también, ya que les permite “evadir” y “olvidar” su situación actual. No obstante, la pasta base ha ido ganando terreno en el mercado narco, tal vez porque el estado que produce es más contundente, haciendo que el recluso la prefiera aún a sabiendas de que la duración es menor y que los efectos en la salud son más nocivos, quizás porque como suelen decir, “pega más”, reproduciendo así el círculo vicioso de mayor adicción.

Si bien, muchos no quisieron contestar respecto a cómo accede a las drogas ilegales y al alcohol, al agrupar a los que consumen drogas y alcohol desde antes de la reclusión, se encontró que un gran porcentaje (34,48%) refirió que la obtenía del exterior de la cárcel, no pudiéndose discriminar si se trataba de allegados que ingresaban estas sustancias al recinto carcelario, o si se la proporcionaban en alguna salida que tuviera el interno.

En cuanto al Relacionamiento dentro del Medio Penitenciario, entre pares es de Muy Bueno a Bueno en su mayoría (75,57%), al igual que con la Guardia Policial  (77,90%). Esto denota, que los conflictos se suscitan sobre hechos puntuales, y que muy poco tiene que ver directamente con la propia convivencia penitenciaria. Pero cuando han surgido hechos violentos dentro del establecimiento, la mayoría ha participado en más de una oportunidad, casi siempre como espectador. De estos, gran parte desconoce si los implicados se encontraban bajo los efectos de alcohol o drogas ilegales, pero en más de una ocasión hubo algún herido. Esto demuestra la importancia que tiene mantener el control sobre todos aquellos factores que puedan ser disparadores de conductas agresivas dentro del establecimiento.
Así también, el gran valor que se le debe dar a lo que se conoce como mediación penitenciaría, es decir, a todo lo que apunta a la pacificación dentro de un medio que tiene características muy diferentes a lo tradicional, incluyendo las capacidades personales.

Para los datos que comprenden a la atención sanitaria intracarcelaria, se destaca en primera instancia, que la misma está a cargo exclusivamente del Departamento de Enfermería, debido a que la Cárcel Departamental no cuenta con personal médico
Esta atención, aparentemente, no generaría mayor disconformidad en los reclusos, ya que en su mayoría (el 38,37%), adujeron que ante la demanda, enfermería acudió casi en forma inmediata, considerando además que la calidad de prestación es de Muy Buena a Buena, en el 70,93% de los casos.

Esto puede interpretarse de dos maneras: en primer lugar los enfermeros constituyen el primer contacto con un servicio de salud, que aunque pueda presentar carencias en algunos aspectos, es el elemento más apropiado para brindarles la solución a cualquier necesidad física, psíquica o emocional que puedan tener los reclusos. En segundo lugar, porque enfermería es casi la única parte del personal que puede ofrecerles el espacio de contención que buscan; es decir, en el mero hecho de la valoración el interno puede sentir que alguien lo escucha y lo trata como una “persona” en su más amplia concepción, y no como un objeto de exclusión social.

En cambio, a la hora de catalogar la calidad de atención médica que han recibido los internos de la Cárcel Departamental, su propia percepción es de que esta ha sido Buena y Correcta en la mayoría de los casos.
Pero, otros, han expresado que sufrieron maltrato, en el sentido de suponerse discriminados por el hecho de ser “presos”, y en lo concerniente al desinterés demostrado al momento de la consulta.

¿Cuál es la explicación posible?
El hecho de no contar con un médico que preste asistencia en la propia Cárcel, obliga al traslado al Centro de Salud de referencia, en este caso el servicio de emergencia del Hospital Regional Salto, casi siempre fuera del horario de funcionamiento de las policlínicas. Esto implica, el malestar que le puede generar a los profesionales, al sobrecongestionar dicho servicio “llevándoles casos que no ameritan una atención inmediata”, desde el punto de vista médico. Tampoco hay que desconocer que este tipo de usuario usualmente genera rechazo, no sólo porque siempre está asociado a “algo malo que hizo”, sino por todo lo que lo rodea, curiosidad, intriga por los medios de seguridad que se emplean con él (custodia policial, esposas, grilletes), tatuajes visibles, cicatrices de “cortes”, etc; o sea, todo lo que constituye la figura del “preso”, que hace aflorar las emociones y temores individuales. Esta sumatoria de características y percepciones, bien puede influir sobre la forma en que se lo atiende.

sábado, 27 de noviembre de 2010

El Guardiacárcel....

“La vocación de policía carcelero o “guardiacárcel”, como se lo denomina en otras latitudes, difícilmente se adquiera en los juegos de la infancia, donde, o se es policía o se es ladrón, pero jamás se es policía de cárcel. Esta actividad entonces, no surge como una vocación lejana e interior de los primeros pasos de la vida. Eso le otorgaría un valor de extrema importancia al hecho de inclinarse por la función penitenciaria, definido como un servicio social o misión social, si partimos de la premisa del beneficio de la readaptación social del delincuente”[1]. A este respecto, vale mencionar que muchas veces tal premisa cae en reconocimiento en el campo criminológico y penitenciario; por un lado, por su costo, y por otro, por la realidad social. Dicen los expertos que no se puede readaptar a nadie a la misma sociedad o al mismo ambiente que “lo hizo y lo lanzó a la delincuencia”.
El personal policial de la cárcel reconoce que con los medios y servicios con que cuenta es imposible hacer algo que dignifique y estimule su profesión en ese campo. Se puede decir entonces, que esto vinculado también a otros motivos, lo hace sentir vergüenza y menoscabo social por su actividad en la cárcel, lo que se traduce en desidia, llevando inexorablemente a la ineficacia.
El elemento técnico humano y el de sus condiciones éticas afectan el éxito del trabajo en una prisión.
Marcó del Pont[2], dijo que la buena selección del personal es fundamental y prioritaria, por la seguridad de la prisión y la adecuada implementación del tratamiento penitenciario. Hay que partir del hecho de que todas las disciplinas que conforman el equipo multidisciplinario de un Centro de Readaptación Social (como lo que se pretende sea la institución penitenciaria en Uruguay), deben tener y seguir una metodología dirigida hacia un entorno penitenciario.
Por norma general la mentalidad del “carcelero” está adscripta a la disciplina y a la seguridad.- Sin ir muy lejos, nuestra Ley Orgánica Policial refiere en el Capítulo II: FINALIDADES INSTITUCIONALES, COMETIDOS (B.1.2.1. ARTICULO 2º), que “Como policía administrativa le compete el mantenimiento del orden público y la prevención de los delitos”..... “En su carácter de auxiliar de la justicia, le corresponde investigar los delitos, reunir sus pruebas y entregar los delincuentes a los jueces. Asimismo al servicio policial, debe protección a los individuos, otorgándoles las garantías necesarias para el libre ejercicio de sus intereses, en la forma que sea compatible con los derechos de los demás”; en ningún momento habla de las debidas conductas de seguridad y protección respecto del tratamiento de las personas privadas de libertad, aunque en este caso se podría pensar que es innecesaria hacer dicha salvedad, puesto que queda implícita al mencionar nuestro deber de mediadores de la justicia haciendo cumplir la ley vigente.
A punto de partida de esta concepción, el policía de cárcel generalmente está convencido de que un recluso alojado las 24 hs del día en una celda es alguien que no molesta. O que un eficaz sedante o un depresor en el ayuno asegura la tranquilidad de la población estable para el resto del día. Este criterio lo ha vuelto automático, sólo atento a esos conceptos de disciplina y seguridad; con lo cual sus únicas obsesiones son la fuga y el motín, por lo que para este policía el preso más que seguro y bien, debe estar bien seguro. 
Es el policía “carcelero” el que se encuentra en contacto directo con los internos. “Se convierten en instrumentales de un sistema que los impele como una especie de victimarios a los ojos de los reclusos. Viven como absorbidos por la escenificación del simulacro, atentos a los a los subterfugios de los presos y los artilugios de la huída, acatando órdenes de  los superiores.”[1] No obstante, aún en este ámbito de inmediación con la población penitenciaria, dando la cara ante ellos, el policía suele confiar en que está prestando un servicio y que la sociedad tanto como la institución policial, esperan mucho de él.
Toda esta vorágine rutinaria de enfrentamiento y adaptación (entre ambas partes: internos y funcionarios), provoca que difícilmente el policía sea un ser creativo, lanzado a ideas innovadoras y reformistas, y mucho menos partidarios de crear nuevas estructuras. Suelen tornarse, con algunas elocuentes excepciones, cual sumidos por el medio, individuos mecánicos, de reacciones automáticas y, a menudo, duros, cerrados, temerosos, desconfiados y, cuando no, invadidos por un sentimiento de desamparo y zozobra. Es más, en ocasiones las lesiones o la muerte misma de uno o más policías “carceleros” se inscribe como un accidente laboral, previsible por la conducta del “preso” que se supone entraña el encierro carcelario, y como suelen decir el resto de los ciudadanos, esperada por la idiosincrasia misma de la profesión policial y mucho más, de la institución penitenciaria.
Los que somos personal del área penitenciaria, esperamos que la formación policial sea entendida como una disciplina de carácter científico, podría decirse. Antaño, “cualquiera” era policía (si se permite el término). En la actualidad hay que estudiar para ser policía, y no basta con escasos conocimientos de psicología y derecho, sino que también hay que incorporar elementos teóricos desde la administración, la sociología, los métodos de resolución de conflictos, además de poder aprehender a desarrollar una vital capacidad para tomar decisiones y de relacionamiento con la población en general.
El trabajo en la Cárcel agota al personal. Por un lado se espera que mantengan un alto nivel de protección y seguridad, mientras por otro deben recordar constantemente que los reclusos, tarde o temprano, se reintegran a la sociedad. Las penitenciarías pueden ser un hervidero de tensión con arranques de violencia de los presos que resisten su situación. Las víctimas pueden ser tanto el personal como los reclusos. Ya lo dijo Álvaro Garcé (Comisionado Parlamentario para el Sistema Carcelario): “Trabajar en prisión implica encontrarse con lo peor del ser humano..."


[1] Elías Neuman. “La Prisión como Control social en el Meoliberalismo”. 
[2] Luis María Rodríguez Marcó del Pont (Córdoba-Argentina; 7 de diciembre de 193620 de junio de 2005) fue un abogado, político, criminólogo y escritor; fundador de la cátedra de Criminología de la Facultad de Derecho y Ciencias Sociales de la Universidad Nacional de Córdoba. Fue defensor de los presos políticos durante la presidencia de facto de Juan Carlos Onganía (1966 - 1970), siendo perseguido por el mismo. Durante la presidencia de facto de Alejandro Lanusse (1971 - 1973) fue perseguido y encarcelado. Fue designado por el Gobierno Nacional a cargo de María Estela Martínez de Perón como gobernador de la Provincia de Mendoza bajo el título de Interventor Federal desde mayo a octubre del año 1975. Tras el golpe de estado del 24 de marzo de 1976 que dio inicio al Proceso de Reorganización Nacional se exilió en México, regresando a la Argentina en 1984, y designado luego director del Centro de Investigaciones de la Facultad de Derecho de la Universidad Nacional de Córdoba; luego elegido por el claustro docente como director de los Servicios de Radio y Televisión de la antes citada Universidad. Entre otros libros escribió "Criminología latinoamericana".